Sobre mí

De Venezuela a Madrid,
sin saber una palabra de «sales».

Esta no es la historia de alguien que siempre supo que quería estar en ventas. Es la historia de alguien que llegó sin nada y construyó algo real, paso a paso, sin red, y aprendiendo de los errores.

Vicky

De Venezuela a Madrid

En 2017 llegué a Madrid con dos maletas y ganas de crecer. Venía de Venezuela, y como le pasa a mucha gente que emigra, los primeros meses fueron de reinventarme desde cero: daba clases de inglés para pagar el alquiler mientras estudiaba publicidad en la Universidad Complutense. No tenía ni idea de ventas. No tenía LinkedIn optimizado, no tenía un «perfil de vendedora». Estudiaba Publicidad y Relaciones Públicas, y pensaba que trabajar en agencia era mi única opción.

Lo que sí tenía era algo que no supe valorar hasta mucho después: había visto a mi madre vender toda su vida. No en un contexto corporativo, no con un CRM ni un pipeline, vendiendo de la forma más honesta que existe, con conversación, con paciencia, con la capacidad de entender exactamente qué necesitaba la persona que tenía enfrente antes de ofrecerle nada. Eso se me quedó grabado sin que yo lo supiera, y años después terminó siendo la base de todo lo que hago hoy.

Los primeros años: aprender el sistema, no el talento

Empecé en tech sales sin la típica «narrativa de vendedora nata». No cerraba fácil. Me costaba pedir el cierre. Sentía, como le pasa a tantas mujeres que empiezan en esto, que insistir era ser pesada, que hablar de dinero era incómodo, que necesitaba el perfil perfecto, extrovertida, segura, con una labia que yo sentía que no tenía, para que esto me funcionara.

Lo que cambió no fue mi personalidad. Fue entender que vender bien no es un talento con el que naces, es un sistema que se aprende: cómo escuchar antes de hablar, cómo estructurar una conversación, cómo manejar una objeción sin ponerte a la defensiva, cómo pedir un cierre sin sonar desesperada. Una vez que empecé a tratarlo como una habilidad que se entrena, como quien entrena para una carrera de Hyrox, algo que hago literal todos los días, todo cambió.

Dónde estoy hoy

Seis años después de esas primeras clases de inglés para pagar el alquiler, soy subdirectora de ventas en una empresa de tech, trabajando 100% en remoto desde Madrid. He generado más de 3 millones de dólares en ventas, y he cerrado acuerdos con marcas globales como Lipton, Clarins, Philips y New Balance. Llevo 5 trimestres consecutivos superando mis objetivos por encima del 120%.

Pero lo que más me enorgullece no son los números en sí, son la cantidad de veces que negocié algo que dos años antes me hubiera dado demasiado miedo ni siquiera intentar.

Lo que casi nadie sabe: negocié pésimo mi propio valor durante años

Aquí va algo que no cuento tan seguido: cierro contratos de seis cifras para mi empresa, y durante años acepté la primera oferta salarial que me dieron, sin negociar ni un euro. Es una paradoja que le pasa a muchísima gente en ventas, y especialmente a muchas mujeres: somos excelentes negociando para otros, y nos congelamos negociando para nosotras mismas.

El día que me di cuenta de esto fue después de una negociación de trabajo que salió mal, no porque no supiera negociar, sino porque nunca me preparé para negociar para mí misma con la misma seriedad con la que preparo una propuesta para un cliente. Ese fue el detonante. Empecé a aplicarme mis propias herramientas: una hoja de negociación, datos de mercado reales, un número claro en mente. La siguiente vez que negocié mi salario, con estructura real detrás, gané casi el doble de lo que hubiera pedido dos años antes.

Ese fue un descubrimiento tan importante para mí que terminó siendo, literalmente, el módulo del que más me preguntan cuando hablo de negociación, y una de las razones por las que decidí construir un curso entero dedicado a profesionales de ventas, no solo a quien está empezando.

Quién soy fuera del trabajo

Trabajo desde casa, así que mis días no tienen la separación clásica de «oficina vs. vida personal», y sigo trabajando en encontrar ese balance. Soy, sin vueltas, workaholic. Me cuesta desconectar. Hablo rápido, hablo mucho, y cuando algo me apasiona (que es casi todo lo relacionado a ventas y negociación) es difícil que me calle.

Entreno todos los días, Hyrox o running, porque aprendí que la misma disciplina que se necesita para terminar un entrenamiento cuando el cuerpo pide parar, es la que se necesita para aguantar un silencio incómodo en una negociación, o para no ceder en un precio apenas sientes resistencia. Tengo una perrita que me acompaña en cada llamada desde el rincón de mi escritorio, y este año estoy dando un paso importante: comprando mi primer piso con mi pareja, negociando cada parte del proceso con las mismas herramientas que uso todos los días en mi trabajo.

Por qué pausé todo un mes y medio

En junio de este año, un terremoto golpeó Venezuela. Y durante semanas, no tuve cabeza para crear contenido de ventas, me pareció, honestamente, que hablar de eso hubiera sonado fuera de lugar. Me dediqué de lleno a colaborar y hacer voluntariado de la forma que pude. Ese paréntesis me recordó algo que ya sabía pero que a veces se me olvida en el día a día: todo lo que construyo con este espacio tiene sentido si también sirve para devolver algo. Por eso, con el lanzamiento de mis cursos, voy a donar una parte de lo generado a organizaciones que siguen trabajando en la reconstrucción.

Por qué ahora tengo dos caminos, no uno

Con el tiempo entendí que las personas que me escriben pidiendo ayuda no son todas iguales, y tratarlas como si lo fueran no le hacía justicia a ninguna de las dos. Están las que nunca vendieron nada en su vida y quieren animarse a vender lo suyo por primera vez, sin sentir vergüenza. Y están las que ya llevan años en ventas, cumplen sus números, pero sienten que les falta ese último nivel de estructura, sobre todo a la hora de negociar su propio valor, que es exactamente lo que a mí me costó tanto aprender.

Por eso hoy no tengo un solo programa, tengo dos: De Cero a Vender con Confianza, para quien está empezando, y Ventas Avanzadas y Negociación para Profesionales, para quien ya vive de esto y quiere el siguiente nivel.

Lo que quiero que te lleves de esto

No llegué a donde estoy porque tuviera el perfil perfecto de vendedora. Llegué porque aprendí el sistema correcto, lo apliqué con disciplina, y esto es importante porque en el camino aprendí a pedir lo que valgo, no solo a conseguirlo para los demás. Eso es exactamente lo que quiero enseñarte, sea cual sea el punto en el que estés hoy.

Lo que me diferencia

¿Por qué aprender ventas conmigo?

Porque sigo vendiendo

No soy una ex-vendedora que da cursos. Estoy en el campo todos los días, con deals reales, clientes reales, y resultados que puedo mostrarte.

Porque lo hice desde cero

Sin red en un nuevo país, sin idioma nativo, sin el background «correcto». Si el sistema funciona para alguien que empezó donde yo empecé, funciona para ti.

Porque enseño sin manipulación

Las técnicas que enseño están basadas en escuchar, entender, y servir, no en presionar ni en trucos psicológicos que hacen que la gente compre lo que no necesita.

Porque hablo tu idioma

Literalmente. Pero también porque sé lo que es sentir el síndrome de la impostora, la presión de fin de mes, la vergüenza de pedir lo que mereces. No lo leí en un libro. Lo viví.

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